Chef Sleeve

Cocinar con mucho gusto

Historia de la olla de cocina

Hoy en día tenemos una gran variedad de utensilios para la cocina disponibles en diferentes materiales, pero no siempre ha sido así. Las ollas de cocina han evolucionado mucho a lo largo de la historia, influenciado por los materiales y técnicas que había en el momento, así como el fuego u hogar disponible, que ha cambiado dramáticamente en los últimos 120 años.

También ha influido la demanda de utensilios de cocina aptos para lavarse en lavavajillas, y las técnicas y exigencias de los cocineros, porque en los últimos años somos más cosmopolitas con nuestra cocina.

Historia de la olla de cocina

Las tribus neolíticas utilizaban vasijas de cerámica tosca para cocinar grandes trozos de carne en un fuego directo, colgado con pieles de animales. Las ollas no podían soportar el fuego directo, así que la carne se colocaba en la olla llena de agua y con piedras dentro hasta que el agua bullía.

En la Edad de Bronce, por lo menos 5000 años a.c., los caldereros Irlandeses copiaron los calderos y ollas de metal del Mediterráneo, y distribuyeron estos recipientes por todo el norte.

La forma redondeada clásica, permitía que las llamas se curvaran alrededor de los lados para que los alimentos se cocinaran más rápido. Esto propició un salto adelante en el arte culinario.

El nivel de calor se controlaba por la proximidad o lejanía con la que se colocaba respecto al fuego. Los alimentos podían hervir rápidamente sobre un fuego alto o hervir lentamente en el borde del hogar sobre las cenizas calientes.

Los primeros calderos de metal estaban hechos de láminas de cobre o bronce. Al evolucionar las técnicas de los metales, los calderos evolucionaron fabricándose en hierro fundido, un material más fuerte que el bronce. La industria de la fundición se expandió rápidamente desde el siglo XIV; los calderos de bronce quedaron obsoletos y los de hierro se abarataron.

Los ricos tenían varios calderos, pero los pobres apenas tenían uno para cocinar una comida completa. En el siglo XVI, los calderos todavía estaban en uso en Inglaterra, pero en el resto de Europa estaban obsoletos.

Las ollas de barro o hierro son casi tan antiguas como los calderos. Se diferenciaban de los calderos en que eran más altos y estrechos, con una tapa y tenían asas o manijas para agarrarlo.

Típicamente se hacían de hierro, pero los romanos empezaron a hacer ollas de bronce, que eran más caras, pero más fáciles de mantener y limpiar. Estas ollas fueron utilizadas en las casas rurales hasta finales del siglo XIX.

Las sartenes, pucheros de barro y ollas con 3 patas fueron los antepasados de nuestra olla moderna. Originalmente tenían forma de cuenco, como un caldero pero con patas y asas corta y planas.

Las primeras sartenes conocidas datan del siglo XIII, fabricadas con bronce o hierro, y tenían patas largas para que se pudiesen poner en las brasas de un fuego.

A finales del siglo XVI, habían evolucionado en lados rectos que se afilaban ligeramente hacia el exterior, pareciéndose cada vez más a nuestras cacerolas, tal y como las conocemos hoy.

Hacia el siglo XVIII, las cacerolas estaban hechas de láminas remachadas de cobre revestido de estaño. Tenían un cuerpo abombado y un largo mango de madera que encajaba en un casquillo tubular. Las cacerolas se hacían en diferentes tamaños, y las familias ricas tenían sus iniciales grabadas a modo de identificación.

La forma de la cacerola se ha mantenido igual desde el siglo XVIII, pero los materiales utilizados y las fuentes de calor han cambiado. En el siglo XVIII se crearon las ollas de cobre, hierro y hierro fundido, y todos estaban aleados con estaño. Esta aleación permitía contener las sustancias tóxicas que emitía el cobre, y evitaba la oxidación del hierro.

Los fabricantes de hierro fundido desarrollaron procesos de esmaltado a comienzos del siglo XIX y el hierro fundido esmaltado (al igual que el que utiliza Le Creuset), se hizo muy popular.

A mediados del siglo XIX la fabricación de ollas y sartenes se había vuelto muy competitiva. Las cacerolas fueron estampadas con el nombre del fabricante y se produjeron los catálogos ilustrados. En los años 1870 se popularizó el acero templado prensado, que sustituyo al hierro fundido ya que el consumidor quería cacerolas más ligeras.

Luego llegó el desarrollo de las primeras cocinas de gas a finales de 1800, y esto trajo nuevos problemas a los fabricantes de ollas de cocina. Las ollas de hierro esmaltado se volvieron impredecibles cuando los alimentos se quemaban, debido a las desiguales propiedades térmicas del hierro y el esmalte.

Además, los revestimientos de esmalte se hicieron menos duraderos, porque no podían calentarse tan rápidamente como el hierro. Los fabricantes tenían que idear revestimientos de esmalte más delgados, más flexibles y resistentes.

Las ollas de aluminio eran populares en los años 20, y continúan siéndolo hasta los 80. Las placas eléctricas pasaron de placas sólidas a anillos radiantes, y han evolucionado hasta nuestras placas de inducción.

Este desarrollo en la fuente de calor significó que los fabricantes de ollas tuvieron que re-diseñar sus utensilios de cocina. Los consumidores también querían cazuelas que se pudiesen limpiar en el lavavajillas, y de nuevo se tuvieron que revisar los materiales utilizados, especialmente las asas.

El recubrimiento antiadherente fue creado en 1938, una sustancia excepcionalmente resbaladiza llamado politetrafluoroetileno o PTFE. En 1941se registró como Teflón.

Un ingeniero francés, Marc Gregoire, encontró una manera de unir PTFE a las cacerolas de aluminio y la primera olla de cocina antiadherente nació de la primera empresa de utensilios antiadherentes, Tefal, fundada en 1960.

Sin embargo, la composición del PTFE y la inclusión del PFOA ha causado varios problemas de salud en los últimos años y los fabricantes han tenido que crear un antiadherente libre de PFOA.

Las ollas de aluminio, popularizadas desde los años 20, tenían un precio razonable, eran relativamente duraderos y eran buenos conductores del calor. Sin embargo, varias investigaciones a principios de los 80 sugirieron que el aluminio era una causa de la enfermedad de Alzheimer. Esto condujo al cierre de muchas fábricas de menaje de cocina de aluminio.

Los consumidores se volcaron en el acero inoxidable, aunque eran mucho más caro.

Otro material popular hoy en día, es el aluminio anodizado. Para convertir el aluminio en aluminio anodizado, el metal tiene que someterse a un proceso electroquímico. Esto cambia la estructura molecular para que no sea poroso, lo cual le da una mayor resistencia superficial y a la corrosión.